La Educación en Valores
INTRODUCCIÓN
La sociedad atraviesa una compleja crisis económica y de valores, dicho letargo impide que podamos desarrollarnos como sociedad; por ello, la familia y la escuela se convierten hoy, en los dos grandes pilares del desarrollo moral de nuestra sociedad; por ello, de modo crítico resaltamos en el presente ensayo la importando de la educación en valores en nuestro contexto social.
La educación de valores es un proceso complejo, ya que, se inicia con la vida misma y en ella, intervienen múltiples factores como la familia (agente socializador primario por excelencia), cuya labor educativa es insustituible, dotando al individuo de características esenciales de la personalidad; así mismo, intervienen instituciones formales y no formales, como la escuela (agentes de socialización secundaria por excelencia), organizaciones políticas y de masas, grupos etáreos, medios de difusión masiva, entre otros. Centramos nuestro análisis en la escuela, ente formal de la Educación, destinada a elaborar un proyecto personal de vida del futuro ciudadano en base a valores; puesto, los desvalores sociales hoy manifestados, dejados de lado en la educación tradicional, representan un quiebre convivencial y conducen a la sociedad a problemas de índole económico, político y sociales; sindicándose como causa, cuando en realidad es consecuencia de la desviación axiológica.
En tal sentido, en el presente ensayo, reflexionamos críticamente sobre la educación en valores, lo cual no debe ser apreciado sólo como una dimensión del aprendizaje a tener en cuenta, si no uno de los índices básicos de la calidad de la enseñanza.
DISCUSIÓN
Nuestra sociedad se encuentra atravesando una crisis económica, la cual subyace a una crisis de ausencia de valores, a la falta de ideales y de referentes morales; la ausencia, propiamente de lideres y personas con integridad.
La crisis moral, emerge porque la sociedad se ha sumergió en el “Individualismo”, dejando un letargo tanto moral como económico; ya que, se enarbola muchas veces la mentira sobre la verdad y se es tolerante para sobrellevar aquellos escollos sociales.
Hoy podemos apreciar que la sociedad ha adoptado como suyos algunos valores efímeros, que no registran transcendencia en el tiempo; el individuo adopto desvalores, como el relativismo, negando que existan acciones absolutamente buenas y absolutamente malas; dicha actuación, trajo consigo tremendos atropellos, legitimando conductas absolutamente nocivas para la sociedad.
Por ello, sólo si se piensa en el bien común se consigue contribuir al progreso de la sociedad. El bien común no es la suma de los intereses individuales de cada persona; ya que, el bien común sólo se alcanza si cada uno de nosotros estamos dispuesto a sacrificarnos, a renunciar, en favor de los demás; empero hoy, aquello se relativiza, impidiendo que nos desarrollemos como sociedad. Por ello, es fundamental educar en valores para llenar el vacío existente.
De acuerdo a (Barba Martín L. y Alcantara Santuario A., 2003) “La formación de valores fundamentales del ser humano ocurre durante la infancia y la vida social, atañendo, también y de manera especialmente importante, a la educación formal. De allí que su formación siga presente más allá de ella en los aspectos profesionales, docentes y de investigación de distintos campos disciplinares.”
Ante esta situación, la familia y la escuela se convierten en los dos grandes pilares del desarrollo moral de nuestra sociedad; sin embargo, la educación sin fines morales, constituye una educación vacía y no contribuye al desarrollo social.
Por ello, tanto en la familia como en la escuela, hay que priorizar el entrenamiento de las denominadas habilidades blandas como parte esencial de la formación integral del estudiante a efectos de fortalecer los sentimientos sobre el materialismo; fortalecer el "ser" sobre la aspiración del "tener", para revertir la falsa creencia, que “cuanto más se tiene, más importante se es”, otorgando así legitimidad de la obtención productiva del patrimonio.
Concordamos en señalar que “Tradicionalmente la transición de valores de una generación a otra se realizaba mediante la presión de los adultos sobre los jóvenes. Hoy no siempre es así, pues frecuentemente los jóvenes ejercen una fuerte influencia en los adultos, debido a la situación peculiar de la juventud actual: un nivel cultural distinto y a veces, superior al de sus padres” (Castillo, 1998); ya que, es importante especificar que la realidad del deterioro moral se va generalizando en todos los ámbitos, especialmente el familiar, resquebrajando las relaciones entre padres e hijos, entre hermanos y parientes, donde el respeto por la dignidad de la persona va perdiendo su significado, prevaleciendo la indiferencia, la ingratitud, el egoísmo y la avaricia; por ello, si subsiste fisuras o déficit en la familia (primer agente socializador), la educación formal debe purgarlos o reformarlos y llenar el vacío existente; no permitir su convalidación y desmejorar con ello la importancia social de la educación en valores.
Por ello, podemos concluir que los valores no se aprenden memorizando sus conceptos, si no a través del ejemplo de los padres -primera escuela- y educadores, en la puesta en práctica en el quehacer cotidiano.
Siguiendo a (Parra Ortiz, 2003, pág. 71) “Los cambios sociales y culturales promovidos por la revolución científica y tecnológica, han jugado un importante papel en la crisis de los esquemas de valores y de los sistemas de creencias de la sociedad actual.”, a la par, sostiene que cada individuo, debe construir su propio esquema de valores, constituyendo la función de los educadores colaborar en dicho proceso, generando situaciones en el entorno para vivan y experimenten, y así, interioricen.
Educar en valores requiere desarrollar en el individuo valores morales que le permitan asumir y comprender la sociedad como pluralista y democrática; lo cual sólo es posible, cuando el individuo crea y actúa conforme a sus principios éticos de interacción social, generando producto de su interrelación valores morales.
Por ello es fundamental, la necesidad de “hacer singular hincapié en la formación integral del docente y, más aún, en la de realizar estudios que permitan profundizar en el conocimiento del desarrollo del juicio moral en trabajadores de la educación y en grupos de profesionales” (Barba, 2002).
No debemos de olvidar, que, por medio de la educación, todo grupo social tiende a perpetuarse; siendo precisamente los valores, el medio que da cohesión al grupo al proporcionarles un determinado estándar de vida capaz de trascender el tiempo, ya que, perviven las cosas generadas en un clima social armónico.
CONCLUCION
- Los valores no se aprenden memorizando conceptos, si no a través del ejemplo de los agentes socializadores; por ello, la educación formal debe purgar o reformar los desvalores sociales y llenar el vacío generado por fisuras o déficit en la familia (primer agente socializador), priorizando una educación ejemplificadora en valores, como uno de los paradigmas esenciales de la calidad de la enseñanza, ya que, son los valores, el medio que da cohesión al grupo social, proporcionándoles un determinado estándar de vida capaz de trascender el tiempo.
- Barba Martín L. y Alcántara Santuario A. (2003) Los valores y la formación universitaria. Rencuentro, diciembre, numero 38, Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco.
- Barba Casilla B. (2002) Influencia de la edad y de la escolaridad en el desarrollo del juicio moral. REDIE (Revista Electrónica de Investigación Educativa), Universidad Autónoma de Baja California.
- Gervilla Castillo E. (1998) "Educación y valores." Revista española de pedagogía, Universidad de Granada.
- Parra Ortiz, J. M. (2003). La educación en valores y su práctica en el aula. Tendencias Pedagógicas, Universidad Complutense de Madrid.
- Tirado Rebaza, Iván
- Rosas Mita, Mirian
- Choque Salcedo, Roman
- Chino Lanchipa, Wilfredo
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